EL CASERÓN OLVIDADO

A la orilla derecha del antiguo camino que comunicaba Majadahonda con Villanueva del Pardillo, mucho más antiguo que la carretera M-509, que luego fue convertida en autovía, se sitúa un viejo edificio abandonado. Y con edificio me refiero a una casita minúscula junto a las ruinas de lo que antes pudo haber sido… no se sabe qué. Eso es lo que traté de averiguar en mi visita al lugar, hace unas semanas.

Nadie se ha fijado, o quizá sí, pero cuando sales de Majadahonda hacia el Pardillo, justo después de haber dejado de lado la M-50 hay, a la derecha (cuesta fijarse, eh), algo que desde allí parece un muro verde. Está, de hecho, tan oculto que yo tampoco había reparado en ello, jamás.

Supe de su existencia gracias, una vez más, a internet, y, al principio por curiosidad propia, decidí hacerle una visita. Al ir, ya tenía en cuenta que solo quedaban sus muros, excepto de en la casita de la que hablaba antes, donde debió de vivir gente. Y tú te estarás preguntando, ¿pero de qué está hablando este hombre?

Ni yo lo sé. Como ocurre con la mayoría de los vestigios del pasado majariego, es tremendamente difícil conocer este pasado, saber qué y cómo eran. ¡Si hasta es complicado encontrar en internet fotos de Majadahonda anteriores a hace diez años! Pero en el caso de esta edificación, por su forma y ubicación, podemos suponer que fue un bar de carretera o un prostíbulo. Aunque también es posible que fuese un salón de fiestas. En definitiva, un sitio de ocio, para salir por la noche. Fue una pena que todo estuviera destrozado cuando llegué, pero voy a intentar describir qué vi.

El pub, club, sala de fiestas, lo que fuese, desde el viejo camino del Pardillo.

El primer sitio en el que entré al llegar, porque me llamó la atención, fue la casita; lo único, aparte de los muros de la otra edificación, que se mantenía en pie. La planta de abajo estaba vacía, si no tenemos en cuenta un viejo váter que había allí tirado, y unos muebles que quién sabe de cuándo son y de qué servían. Tras subir por unas pequeñas escaleras, que estaban por fuera de la casa, llegué a la segunda planta, donde encontré dos pequeños dormitorios (una de ellas casi vacía; y la otra, en la que la pared que daba al exterior tenía un importante agujero, con un colchón tirado en el suelo. Ciertamente, poco interesante, ya que lo que quedaba no daba mucha información y, además, parecía que algunas de esas cosas hubieran pertenecido, más que al antiguo pub, puticlub o lo que allí hubiese, a gente que hubiera morado allí posteriormente. No hace falta ser un genio para saber que, más recientemente, por allí habían pasado personas.

¿Qué pinta allí un váter? ¿Y unos neumáticos? Raro, raro, raro.

La sensación, al estar allí dentro, más que de inseguridad, para mí, era de vejez absoluta. Vejez de ese sitio, que parecía (y fue así) haberse quedado a la intemperie de un día a otro, sin que nadie se hubiera preocupado por ella.

Bajé. Total, allí arriba no había nada más que ver. Y avancé. Avancé hasta lo que otrora había sido la “nave” central, el lugar protagonista. Todo ha quedado invadido por la salvaje naturaleza de secano, con tropezones de basura, o cosas igual de viejas que el edificio. Rodeé el muro de la nave, ya que el tejado fue demolido hace alrededor de siete años, hasta que encontré un sitio por el que introducirme, aunque sea en una parte. Muy raro todo. El tejado había sido tirado, sí. Pero estaba ahora en el suelo. Para poder avanzar tenía que pasar entre multitud de planchas de amianto (de este tejado, o extejado), viejos electrodomésticos, carcasas de ordenadores… Tengo la hipótesis de que no todo pertenecía al club. Alguien había pensado, años después, que aquello era un punto limpio. Nada interesante que ver, así que me di la vuelta.

Sobre estos muros antes hubo un tejado, de amianto (cuyos efectos nocivos sobre la salud están demostrados). Ahora está debajo. 

Este lugar, sinceramente, no es que tuviera un considerable valor del pasado, para investigarlo. Todo lo contrario. Una simple ruina que nos dice que allí hubo algo, dándonos las pistas justitas para barruntarnos qué pudo ser (y sin mucha concreción). Nada más. Cogí la bici en la que había llegado y me volví a la civilización, no sin antes toparme por una vieja y oxidada lata de Mahou, caducada Dios sabe cuándo.

Imágenes: Por qué Majadahonda

Anuncios

CHAVALES OSCUROS DE LOS 90

Majadahonda es hoy un remanso de paz y de armonía entre vecinos. Casi —con algunas excepciones, como ya explicamos hace unos meses— no hay incidentes y altercados entre los majariegos. En eso creo que podemos estar de acuerdo. Sin embargo, esto no siempre ha sido así. Por supuesto que no quiero decir que Majadahonda haya sido en algún punto del pasado un lugar lleno de violencia (si exceptuamos, claro, la Guerra de la Independencia de principios del siglo XIX, donde Majadahonda fue uno de los principales escenarios, ya que aquí se libró la Batalla de Majadahonda que, por cierto, perdimos; y la Guerra Civil española, cuando nuestra pequeña e idílica localidad se convirtió en un mar de sangre en el que no quedó piedra sobre piedra, razón por la cual en Majadahonda es imposible encontrar nada con más de 75 años de antigüedad), pero sí es verdad que en el pasado reciente (o relativamente reciente) Majadahonda no ha sido como es hoy.

Hubo un tiempo en el que, a diferencia de ahora, Majadahonda sí salía en los periódicos y demás medios de comunicación, pero no precisamente como buenas noticias. A principios de los años 90, el clima de tensión existente en Majadahonda por la presencia de numerosos grupos de jóvenes neonazis había escalado cotas altísimas. La situación no solo era así en Majadahonda, sino también en los alrededores.

Las circunstancias eran estas. Majadahonda, desde finales de los años ochenta, estaba sufriendo una gran transformación. Se estaba convirtiendo en una gran ciudad, en la que muchos de sus habitantes procedían de otros puntos de la región, principalmente de la capital, y se habían instalado en grandes chalés y pisos con piscina y jardín, ya que, por lo general, tenían un alto poder adquisitivo. Eran familias jóvenes, cuyos cabezas de familia trabajaban en importantes cargos de la administración pública (durante el gobierno de Felipe González, llegaron a vivir en Majadahonda varios de los miembros de su gabinete), o en destacados puestos en empresas privadas. Los hijos de éstos, en algunos casos fueron, mediante influencias externas, seducidos por algunas ideologías extremistas, hasta que no solo llegaron a simpatizar con éstas, sino a ejercer la violencia, claramente injustificada, para defenderlas.

Así fue cómo surgieron los neonazis noventeros de Majadahonda, de los que hoy, por fortuna, prácticamente no quedan. Muchos les recordarán por el apodo que la prensa les puso: los skin heads, o cabezas rapadas. No solo estaban en Majadahonda, sino que también habían proliferado en Pozuelo, Las Rozas o Aravaca. Sí, Aravaca. Ese distrito al oeste de Madrid, donde un grupo de skin heads asesinaron a una dominicana, llamada Lucrecia Pérez, en noviembre de 1992, mientras dormía en una discoteca abandonada, junto a la Nacional VI. Los asesinos entraron en la discoteca, donde Lucrecia y otros compatriotas suyos cenaban, y se pusieron a dispararles. A Lucrecia le dieron en el corazón. Murió.

Jóvenes “skin heads” en el Chelsea de los años 80. Fuente: Diario The Sun.

Su asesinato parecía haber sensibilizado a la opinión pública española sobre la lacra del racismo, pero no fue el último crimen.

Ahora es cuando Majadahonda entra en escena. Cinco años antes de la muerte de Fernando Bertolá, acuchillado en la calle Mieses de Majadahonda, y solamente un día después del asesinato de Lucrecia, otro grupo de neonazis, muy probablemente relacionados con los que mataron el día anterior a la dominicana, empujaron a Hassan El Yahahaqui, marroquí de 25 años, que caminaba borracho por las calles de Majadahonda la noche de aquel día. Debido a su embriaguez, este no pudo hacer nada para evitar caer fuertemente al suelo y romperse el cráneo, según relataba El País. Se dice, también, que si cayó inconsciente fue porque se golpeó con una botella. Sea como fuere, el marroquí, una vez en el suelo, fue pateado varias veces. Los detenidos por el asesinato —porque Hassan finalmente murió, tras nueve días hospitalizado en coma—, que huyeron, tenían entre 17 y 19 años. 19 en el caso del autor material. Un cura de Majadahonda afirmó que la agresión y crimen habían estado claramente premeditados.

Mientras, los majariegos estaban hartos de que su pueblo se hubiera convertido en un sitio violento, donde “los marroquíes tenían que esconderse antes de las 8 para no ser apaleados”, como dijo un paisano de Hassan. Está claro que la proliferación de inmigrantes en Majadahonda desagradaba a algunos, que tenían que recurrir a la violencia y el asesinato para demostrarlo. El centro de Majadahonda fue, durante toda la década de los 90, territorio de los skin heads, especialmente desde 1992, con la inauguración del Instituto III de Majadahonda (hoy, IES Margarita Salas), donde estaban congregados muchos de estos jóvenes. Jóvenes con poca personalidad y pocas entendederas que habían sido seducidos con demagogia y discursos fáciles para que se radicalizasen, con tan solo dieciséis o diecisiete años de edad. Una edad en la que los chavales son tremendamente manipulables.

A finales de aquella década los cabezas rapadas y demás grupúsculos xenófobos fueron decayendo hasta tener, en la actualidad, una presencia testimonial. Que son cuatro gatos, vaya.

«EL CASERÓN OLVIDADO», EL VIERNES 6 DE OCTUBRE. SOLO EN PQM. 

BATALLA CAMPAL EN EL FERIAL

8 heridos y 27 detenidos en una multitudinaria reyerta sin precedentes

Este artículo iba a llevar el nombre de “ESPECIAL FIESTAS DE LOS REMEDIOS (III): Noches de feria”, pero creo que la actualidad, como siempre tan caprichosa, le ha dado un vuelco a todo.

Sin rodeos. Ayer sábado se lió muy gorda en el Recinto Ferial de Majadahonda, en una batalla campal, literalmente, que dejó a nada menos que ocho heridos, seis guardias civiles y dos miembros de la Policía local majariega. Hubo veintisiete detenidos, de los cuales siete son menores de edad. La información es todavía algo confusa, y, sinceramente, lamento no poder darle el toque sosegado y analítico que procuro darle a todo lo que hago.

Lo que pasó fue lo siguiente. Eran alrededor de las cuatro y veinte de la madrugada cuando se cerró el paso a la carpa de conciertos donde estaba actuando el DJ Miguel Dejota, por exceso de aforo. Por motivos de seguridad, este aforo está limitado a 4.000 personas, aunque en la carpa podría caber el doble. A esta hora, cuando los seguratas privados de la carpa cortaron el paso para entrar en esta carpa, alrededor de 1.000 y 1.500 personas intentaron acceder a ella de forma violenta. Estos agentes de seguridad avisaron a la policía local (que tenía desplegados en el dispositivo a 123 agentes) y a la guardia civil. La cosa fue a más, por ambas partes, y estos cientos y cientos de chavales, que seguramente iban más borrachos que una cuba, tras discutir con estos agentes cargaron contra ellos, muchos al grito de “mucha policía, poca diversión”, con piedras, botellas y, en definitiva, todo lo que tenían a mano, también las vallas de metal que había a la puerta de la carpa. Algo dantesco y lynchiano.

Captura

El centro de la reyerta: la puerta de la carpa. Fuente: ABC.

Es obvio que si el ayuntamiento no hubiera prohibido la entrada al Recinto Ferial de botellas de vidrio, intercambiándolos por otras de plástico, la cosa hubiera sido mucho más grave. Hay que tener en cuenta, además, que las botellas de vidrio que hubiese dentro habían entrado mediante métodos menos ortodoxos, como por fuera de la larguísima valla que rodea al recinto, y que, al estar en mitad de un descampado, es muy difícil de controlar por la policía.

En muy poco tiempo lo que era, como lo denomina todos los años el diario El Mundo, un macrobotellón (en el que habrían alrededor de 25.000 personas) se había convertido en una multitudinaria batalla entre dos bandos: unos mayores en número pero menores en recursos, y otros exactamente al revés.

Al ver la magnitud de la marabunta de chavales agresivos, las fuerzas de seguridad que había allí presentes tuvo que pedir refuerzos, en este caso a los agentes antidisturbios que, pocos minutos después, ya pasadas las 5 de la madrugada, lanzó pelotas de goma y botellas de humo a los que estaban provocando todo aquello.

El conflicto, del que no se recordaba uno similar desde hacía varios años, se saldó con veintisiete detenidos, como dije al principio. Siete de ellos tenían menos de 18 años. Todos esos, excepto seis, pidieron un parte de lesiones contra los agentes de policía y guardias civiles implicados. Ninguno de los detenidos mayores de edad ha sido puesto en libertad, por el momento.

¿Heridos? Los hubo. En ambas partes. Ya lo decía antes: seis guardias civiles, dos policías locales. A las seis de la mañana, llegaron varias ambulancias del Summa para atender a todos los heridos. Pero, además, dos chavales tuvieron que ser ingresados en el Puerta de Hierro, como heridos leves.

Por si esto fuera poco, al otro lado de la carretera M-516, frente al recinto, se originó un pequeño incendio, sofocado rápidamente por los bomberos. Se investiga si pudo haber estado causado por un bote de humo, de los lanzados por los agentes antidisturbios. Sé lo que estás pensado: allí estuvieron todos. Policías, bomberos, ambulancias…

Todo es demasiado confuso para realizar una descripción detallada y objetiva de lo sucedido anoche en nuestro recinto ferial, y mucho menos para opinar de ello. De cualquier modo, a priori, aunque alguna gente discrepa de ello, los responsables y culpables de esta reyerta, de la que los principales medios de comunicación de todo el país se han hecho eco, son los chavales que, bajo los efectos del alcohol, intentaron entrar con violencia a la carpa, cuando ya estaba al tope de aforo, y para la que le quedaban veinte minutos para cerrar.

Hay chavales, que lo vivieron desde allí, que corroboran la gravedad de lo que acaeció, pero que responsabilizan en parte a las fuerzas de seguridad, por la contundencia con la que respondieron tras la disputa. Es mucho más lógico, creo yo, pensar que la embriaguez de todos estos chavales (que, por cierto, de 27, son solo dos mujeres) fueron la mecha que encendió esta bomba.

Cuando ya pase la resaca (y nunca mejor dicho), ya se podrá tener una mejor perspectiva de lo sucedido. Entretanto, dejemos trabajar a la justicia, cuya responsabilidad alberga a los 20 detenidos mayores de 18 años.

Aparte de eso, no hay que olvidar que hasta las 4 y 20 de la mañana todo transcurría con relativa normalidad. Excepto estos borrachos, que deben ser juzgados justa pero contundentemente, las decenas de miles de chavales que fuimos durante ese fin de semana no causamos problemas, y pudimos disfrutar de dos noches de diversión entre amigos, de risas, y también de reencuentros.

Acaban las fiestas de 2017. Hoy domingo era el último día de feria (sin noche incluida); el último día del concurso de tapas, del que informaremos del ganador; y el último día de encierros, con el éxito que tienen todos los años. Si dejamos a un lado lo que pasó anoche, podemos decir que, un año más, las fiestas patronales en honor al Stmo. Cristo de los Remedios fueron rotundamente ejemplares. A ver qué tal 2018. Lo veremos, y lo contaremos.

Como apunte, gracias a las más de 200 personas que visitaron POR QUÉ MAJADAHONDA este domingo. Con vosotros y vosotras, seguiremos creciendo más y más.

«CHAVALES OSCUROS DE LOS 90», EL VIERNES 29. SOLO EN PQM.

ESPECIAL FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2017 (II): Pregón y chupinazo

Este año viví el tradicional pregón de las fiestas de Majadahonda, que el alcalde y un invitado da desde el balcón del Ayuntamiento todos los años, de una manera muy especial. Tuve la oportunidad de ver el pregón desde el propio lugar donde se estaba dando, donde estaban reunidos todos los concejales, además de otras personas que tuvieron la oportunidad, al igual que yo, de ser invitadas a vivirlo desde allí.

Este 2017 las encargadas de dar el pregón, el pistoletazo de salida a nuestras fiestas, fueron las chicas del SAD Majadahonda, de hockey sobre hielo, que, aunque no se diga demasiado, son el equipo femenino con el palmarés más amplio, y con mucha diferencia, de su categoría. El pregón propiamente dicho comenzó dos minutos después de las 7 de la tarde. Como todos los años, empezó hablando Narciso de Foxá, el alcalde. En su discurso, animó a los majariegos a vivir las fiestas desde la tolerancia y la paz, recordando a los allí presentes el número de autoridades autonómicas y de otros pueblos que habían asistido, entre ellas la presidenta de la Asamblea de Madrid y exalcaldesa de Pozuelo, Paloma Adrados. De Foxá acabó su discurso, como ya es tradición, con tres “vivas”. Uno al Cristo de los Remedios, otro a Majadahonda y uno último a España. Sin embargo, la novedad fue que este año, tras el turno del alcalde, sonó el himno de España, interpretado por la misma charanga que minutos después alegraría la Gran Vía con sus canciones. Durante el himno nacional, todos en silencio. Y luego, aplausos.

El alcalde Narciso de Foxá junto a una de las jugadoras-campeonas del SAD Majadahonda. Fuente: Ayto. de Majadahonda.

Después, apareció en el balcón una de las campeonas del equipo de hockey sobre hielo, que recordó las palabras del alcalde relativas a la tolerancia en fiestas, agradeció y dedicó a los majariegos la multitud de trofeos que la aún joven división femenina de su equipo habían obtenido en los últimos diez años, alzando ante todos los presentes la última Copa de España, de este año, que habían ganado. Además, animó a todos a acercarse a la pista de La Nevera, donde entrenan, este domingo a las 12 del mediodía para verlas jugar su primer partido de la temporada, en esta ocasión contra el CH Huarte. También habló otra jugadora del equipo, tras la cual, el alcalde regresó al balcón, pero esta vez para lanzar el mítico chupinazo, sin el cual el pregón no sería el mismo.

Desde mi privilegiado lugar, pude ver como De Foxá encendía la mecha y el cohete salía disparado en una perfecta trayectoria hacia el lugar escogido para su explosión, en el gran escudo de Majadahonda que hay delante del consistorio. Al contrario que como ocurrió hace dos años, el petardo explosionó perfectamente, y estuvieron saliendo chispas de él durante unos veinte segundos, durante los cuales toda la plaza (y también el sitio donde yo estaba) se llenó de un humo que yo no calificaría como desagradable.

La plaza Mayor, justo después del chupinazo. Fíjate en la cantidad de gente que había al fondo. Cientos, o miles, quién sabe.

Lo bueno de estar allí es que podía ver muy bien todo lo que acontecía, pero no podía tomar fotos de como se vivió desde abajo, ni del chupinazo, ni de la charanga, que comenzó a tocar inmediatamente después de éste. Las peña más activa durante el pregón y, en general, durante todas las fiestas, La Albarda, estuvo repartiendo limonada, como todos lo años, a los que estaban en la Gran Vía. Para mí, ese es un momento cumbre de las fiestas patronales: cuando ves a todo el mundo animado, paseando por la Gran Vía o tomándose una tapa en sus terrazas, todo ello acompañado de la campechana música de las bandas.

Esta ceremonia, que es de todo menos solemne (ni falta que le hace), básicamente nos indica que empieza lo mejor de las fiestas. De hecho, ya está abierto el recinto ferial, con todos sus cacharos en pleno funcionamiento, para que puedas pasar una buena tarde… o una mejor noche, como ya contaremos en POR QUÉ MAJADAHONDA el próximo domingo. Disfruta de las fiestas todo lo que puedas, que Majadahonda tiene la suerte de tener una de las mejores de todo Madrid. Y si no me crees, ya lo dirán los datos de asistencia al recinto ferial la noche del sábado al domingo. En 2016 fueron 50.000. ¿Y este año?

Después del pregón, se celebró el certamen de tunas de Majadahonda, que ganó Manuel Ávila.

«ESPECIAL FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2017 (III): Noches de feria», ESTE DOMINGO. SOLO EN PQM.

ESPECIAL FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2017 (I): Fiesta de la Bicicleta

fiestas majada 17

Otro año más. Y ya van tres, eh. Este 2017, también, POR QUÉ MAJADAHONDA realiza varios especiales sobre las fiestas patronales del Stmo. Cristo de los Remedios de Majadahonda. El primero, el que estás leyendo, irá sobre la Fiesta de la Bicicleta. El segundo, el jueves, sobre el pregón y chupinazo, que protagonizarán en esta ocasión las chicas del equipo de Hockey sobre hielo de Majadahonda, que este año han ganado la Copa y la Liga, toda una proeza. El próximo domingo, hablaremos de la joya de la corona de las fiestas: la feria, y todo lo que discurre en ella, en el que será el tercero y último especial de estas fiestas.

Majadahonda, un año más, se viste de gala para celebrar por todo lo alto las que son unas de las fiestas más reconocidas y multitudinarias de los alrededores. Tiene la pinta de que este será un año de récord, una vez más: en la fiesta de la bicicleta, de la que ahora hablaremos, en el mercado medieval, y, a ver si es así, también este próximo fin de semana en el recinto ferial.

El ya famoso concurso de tapas de Majadahonda, que este año celebra su décima edición, ha puesto, incluso, un pintoresco tren, al estilo de las ciudades turísticas, para que los majariegos nos podamos desplazar de uno a otro de los bares concursantes en el certamen, ya que éstos están por todo el pueblo. El año pasado ganó el Salterius (en la calle Goya) pero, este año, ¿quíen será el campeón? Por si no has visto el trenecito, aquí tienes una foto. Qué risa, por favor.

Imagen: Por qué Majadahonda.

Aunque este año el pelotón de la Vuelta ciclista a España no pasó por Majadahonda, como sí hizo el año pasado, el domingo pasado fue un día de ciclismo. Se podría decir que fue sobre ruedas (permíteme el paupérrimo chiste). La XVIII edición de la Fiesta de la Bicicleta de Majadahonda batió, otra vez, el récord de participación: 5.000 majariegos; padres y madres con hijos, jóvenes, niños solos, profesionales y señores, digamos, maduros. 5.000, nada menos. Ciertamente, yo, que como todos los años estuve allí, me creo perfectamente esa afluencia de público tan grande. Tras el pequeño circuito de los niños, o mejor dicho, de “algunos niños”, ya que muchos otros participaron en el recorrido de los adultos, cosa que, sinceramente, no me parece bien por motivos que luego explicaré, nos tocó el turno a los demás. El circuito era, salvo que esta vez no pasamos por el As de Bastos, el mismo que el del año pasado. Ya un rato antes del comienzo, una marea de camisetas verdes, el color elegido este año para las camisetas que regalaban con la inscripción, inundaba el Parque Colón, donde un tío iba dando explicaciones sobre lo que había y no había que hacer durante la vuelta, además de intentar amenizar, a mi juicio sin ningún éxito (qué petardo, por Dios), los minutos anteriores a la salida.

Este año me coloqué más en la parte de atrás, pero eso no supuso ningún impedimento para que, durante el recorrido, yo fuera adelantando a todo el mundo, o casi. Y no es porque yo fuera muy rápido; de hecho, este año procuré ir a una velocidad más prudencial (entre otras cosas porque uno de los miembros del Club Ciclista Majadahonda, que todos lo años se colocan delante del todo, me dijo que no acelerase tanto), sino porque, y esto, como ya comenté otros años, me fastidia mucho, mucha otra gente va muy lento.

Vamos a ver, habiendo un circuito dedicado a niños pequeños (mucho más reducido), ¿por qué tengo yo que encontrarme en el otro, de más de 12 kilómetros, a niños de cuatro o cinco años haciendo eses por la carretera, frenando cada dos por tres o bajándose en la primera cuesta hacia arriba más o menos complicada? Comprendo perfectamente que los padres de estos canijos quieran que sus hijos vayan con ellos, y por eso también participen en la vuelta, pero esto no es justo para el resto de la gente. Es cierto, sin embargo, que no es una carrera, para nada, como dijo el petardo de la megafonía al principio, pero sí que es un paseo en el que no te gusta que te estén molestando, aparte de porque ello puede provocar algún accidente.

Pero bueno, al fin y al cabo, no es tampoco algo demasiado importante. No impidió, para nada, que, un año más, disfrutara mucho de dar un agradable paseo por esas calles que siempre están llenas de tráfico. Porque yo pienso, además, en el trabajo que debe suponer cortar todas estas calles, algunas de ellas las principales arterias de Majadahonda, como la avenida de Guadarrama o la carretera del Plantío. Eso tiene mérito por parte de la Policía Local que, por cierto, además estuvo controlando todo el circuito para que todo transcurriera con normalidad. Podías encontrarte a uno casi cada treinta metros.

La mancha verde de ciclistas, en la avda. Juan Carlos I. Imagen: Noticias de Majadahonda.

Si el circuito era el mismo que en 2016, también lo era la parada para beber agua, donde nos dieron unas botellas con agua del tiempo (de las que yo no quería beber, porque estaban calenturras). Aun así, tras acabar el recorrido nos dieron, cortesía de McDonald’s, botellas de agua fresquita, que sí apetecían mucho. Eso fue en el parque Colón, donde minutos después se haría la rifa de los regalos, como todos los años, aunque para entonces yo ya me había ido. Carrefour, por su parte, regalaba fruta para reponer fuerzas; y los cines del Zoco pusieron un stand para la gente que quisiera asociarse. Esos eran principalmente los patrocinadores de la Fiesta, junto a Equinoccio y la ITV.

Con eso y con todo, estuvo muy bien organizado en todos los sentidos, como siempre. No hubo ningún imprevisto, y el retraso en la salida fue más bien irrelevante. La camiseta verde, al igual que la azul de 2016, y la blanca de 2015, la guardaré en mi armario con un buen recuerdo. Felicidades a la organización, de verdad. Y felicidades a ti, pero por las fiestas patronales que ahora comienzan, y de las que te animo a ser partícipe. Yo te dejo aquí el programa de las fiestas, para que le eches un ojo.

PROGRAMA FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS ’17

«ESPECIAL FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2017 (II): Pregón y chupinazo», ESTE JUEVES. SOLO EN PQM.

BIRRA KILÓMETRO CERO

Confieso que llevaba ya mucho tiempo queriendo hacer este artículo. Hace apenas un par de meses, por casualidad, vi en internet que había aparecido una nueva cerveza, con el nombre de “Majariega”. «Será seguro alguna coña de alguien que le ha puesto la etiqueta para decir que es de Majadahonda», pensé yo. Pero no, para nada. En junio de este 2017 nació esta pequeña marca de cerveza artesanal, al igual que muchas otras que han ido apareciendo, especialmente en los últimos años, en muchos otros sitios de Madrid. En este caso, la idea surgió de parte de dos hermanos, los Martínez, que, al ver el éxito que tenía la cerveza que producían de forma casera para amigos y familiares, decidieron montar una empresa de lo mismo. Esta era la primera con el nombre de Majadahonda, y la ubicación en Majadahonda. Me gustó que llevase a gala su nombre, explotando como recurso el pasado ganadero del pueblo (ya que en el logotipo aparecen dos ovejas, animales tradicionalmente relacionados con la Majadahonda anterior a los años sesenta). Me imaginé que era una empresa pequeñita, aunque estaban currándoselo todo mucho.

La fábrica es un local muy pequeño, cerca de la iglesia de Santa Catalina.

Un día, hace muy poco iba con la bici por el casco viejo de Majadahonda, cerca de la iglesia de Santa Catalina, cuando de repente topé con algo que me resultó familiar. Vi que en una pared había un cartel con el logotipo de la cerveza, que ya había conocido yo semanas antes. Resulta que allí (en la esquina entre la calle Santa Catalina y la calle Granadilla) estaba la fábrica de la cerveza Majariega. Era un pequeño local comercial, que tres meses antes (solo tres) había sido acondicionado para producir la cerveza. Una pequeña barra, donde poder tomarte una Majariega bien fría, y la fábrica propiamente dicha. Allí estaba uno de los dos socios de la flamante empresa que, además, es quien produce la cerveza. El otro socio, su hermano, lleva más el tema de marketing, merchandising y la gestión económica. Al que yo entrevisté debía de tener alrededor de veinticinco años, no más de eso. La juventud siempre es el mejor aliciente para crear cosas nuevas, así que eso explica el surgimiento de una idea tan poco corriente como la de producir birra en un lugar como Majadahonda. «Esto es un poco en plan Alemania, donde cada pueblecito tiene su marca de cerveza», contaba él.

La barra, en la fábrica, con su grifo personalizado de Majariega.

Pero la cerveza no se produce sola. El proceso era el siguiente. En unos primeros depósitos el mosto de la malta y el lúpulo se filtraba y, posteriormente, se cocía. Acto seguido, este mosto pasaba por un aparato que reducía sensiblemente su temperatura (de ochenta a quince grados), de manera que, finalmente, la futura cerveza pasaba, según la variedad de Majariega de la que estemos hablando, a uno de los dos depósitos donde el mosto se fermentaba. En alrededor de tres semanas (según se vea) la cerveza estaría preparada para ser embotellada.

Delante, los depósitos de filtración y cocción. Detrás, los de fermentación.

No te preocupes, es más sencillo de lo que parece. El problema está en que si tenemos en cuenta que los depósitos de fermentación tienen una capacidad de 500 litros (1.000 en total), la producción de cerveza está limitada a eso: mil litros cada veinte días. Y es que, pese al poco tiempo que se lleva produciendo la cerveza, su demanda se ha disparado. O sea, no dan abasto. La gente pide más de lo que se puede producir.

Antes he hablado de distintas variedades de cerveza Majariega. Hay tres: la Golden Ale, la Pale Ale y la roja (cuya etiqueta es morada). La Pale Ale lleva más lúpulo que la Golden y, por lo tanto, es más cara. Evidentemente, habiendo únicamente dos depósitos para fermentar cerveza, no se pueden producir las tres variedades a la vez, por lo que se van alternando.

Majariega, actualmente, se puede adquirir, a parte de en la propia “fábrica”, y la tienda de cervezas Julia Gómez (c/ Carmen Laforet, junto a la plaza Colón), en seis bares, todos ellos en Majadahonda. El objetivo, según nos relata el socio, es expandirse a muchos otros bares de la localidad y, quién sabe, venderse fuera del pueblo.

No obstante, el camino no ha sido llano. Para nada. Desde un primer momento, los hermanos fundadores de la empresa tuvieron dificultades para montar el local donde se produce la cerveza. El ayuntamiento se quejaba de que aquello podría producir ruidos y olores pero, según dice el hermano con el que me entrevisté, eso no es así. Como cualquier otra empresa, además, tuvo que hacer frente a la empalagosa e interminable burocracia que rodea a todos estos temas. Afortunadamente, hoy por hoy está todo en regla y Cervezas Majariega ya es una empresa de hecho.

Al ser fabricar cerveza artesana, y, claro, ser una empresa nueva y pequeña, el precio es algo mayor que el de sus competidores (empresas, obviamente, mucho más grandes). Aun así, tampoco estamos hablando de precios demasiado elevados: por 1,50€ te puedes tomar una caña, y por 13 te puedes llevar 6 botellas de un tercio.

El tema marketing, dentro de sus limitadísimas capacidades, está gestionado muy bien. Desde el principio, Majariega ha procurado estar presente en las principales redes sociales (excepto Twitter, de momento), labrarse una delicada y cuidada imagen corporativa, con un logotipo y una packaging muy currados. Tienen, también, tarjetas de visita, e incluso venden en la “fábrica” camisetas con el logo de la cerveza (de las que yo me compraré alguna) por 10 €. Me cuentan que, aunque no esté en venta, a la gente le ha despertado mucho interés una oveja de peluche (la oveja, claramente la mascota de la marca) con una camiseta con el logo, que hay allí en exposición. Es más, durante las fiestas patronales de Majadahonda, para las que quedan muy poco y de las que POR QUÉ MAJADAHONDA, como todos los años, informará, regalarán un pañuelo amarillo con el logo de la marca a todo aquel que compre o consuma algo. Allí todo lleva el logo. Creo que dar a conocer la marca es esencial en los inicios de una empresa, y ellos lo están haciendo muy inteligentemente.

Las camisetas, con el logo de la cerveza. A 10 euros cada una.

Tras ver cómo funciona la maquinaria y que me cuenten los pormenores de la empresa y su cerveza, me despedí de la “fábrica”, con el propósito de volver, aparte de para comprarme la camiseta corporativa, para llevarme algunos botellines.

Me gusta mucho que esta marca haya aparecido en Majadahonda, y estoy ilusionado con su futuro. Las próximas fiestas serán, ojalá, el mejor escaparate para esta nueva cerveza. Nueva y novedosa, que no es lo mismo.


ESPECIALES FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2017

«FIESTA DE LA BICICLETA», ESTE DOMINGO. 

«PREGÓN Y CHUPINAZO», ESTE JUEVES. 

«NOCHES DE FERIA», EL DOMINGO 17.

 

MONTECLARO CONTRA EL MUNDO

Dicen que nunca llueve a gusto de todos y, efectivamente, es cierto. Cuando Majadahonda se desarrolló espectacularmente hace unos 25 años, surgió la necesidad de conectar a sus habitantes con el resto de Madrid, y especialmente de la ciudad, de una manera más cómoda, más acorde a este crecimiento.

Por esta razón, a principios de los noventa el Gobierno regional, presidido aún por Joaquín Leguina, proyectó una nueva autovía que uniera Madrid (justo en el recién reformado Puente de los Franceses, en el enlace con la Carretera de Castilla), Pozuelo, Majadahonda y Las Rozas. La doble calzada, allá por el Pinar de las Rozas, se incorporaría a la A-6, donde acabaría. En total, eran alrededor de 20 kilómetros de autovía, que estaban pensados para ser utilizados por decenas de miles de conductores al día (cómo así ha sido).

La nueva autovía recibió el nombre de “Eje Pinar”, por eso de que acaba en el Pinar de las Rozas, y fue la primera autovía que pasó cerca de Majadahonda; a parte de la Carretera de la Coruña, claro. De este modo, los majariegos no tendrían ningún problema para visitar a sus vecinos pozueleros y roceños, o rodear Madrid por la M-40, que había sido abierta algunos años antes.

El Eje Pinar a la altura de la urbanización Monteclaro.

Además, la construcción del Eje Pinar permitiría un mayor desarrollo (todavía mayor del que ya tenía Majadahonda) de las zonas próximas a éste. De hecho, tras su inauguración, comenzaron a aparecer multitud de naves comerciales en El Carralero, justo al lado de la autovía. Se construyeron dos centros comerciales: el Centro Oeste, inaugurado en octubre del 95, con un hipermercado Pryca dentro y un pequeño multicine, hoy desaparecido, y el archiconocido Equinoccio, abierto en diciembre de 1998, un “centro revolucionario en su sector”.

Desde el principio, se pensó que el tramo comprendido entre Majadahonda y el Pinar de las Rozas pertenecería en un futuro a la aún en proyecto M-50. Y así fue: diez años después se terminaba la M-50 y dicho tramo se añadía a su trazado. De cualquier modo, la obra fue un completo éxito, y muchísimos madrileños la utilizan en la actualidad. Según un estudio de 2011, algunos de los tramos de la M-503 son utilizados por más de 80.000 conductores cada día, siendo la tercera autovía autonómica más transitada, tan solo detrás de la Carretera de Colmenar y de la circunvalación M-45.

Pero vamos a lo que nos ocupa. Empecé el artículo diciendo que nunca llueve a gusto de todos, y lo dije porque la construcción de esta autovía no satisfizo, al menos en un primer momento, a todo el mundo. Hubo un colectivo que se opuso al trazado proyectado del Eje Pinar: los vecinos de Monteclaro. Hacía ya más de diez años que la urbanización, entre Pozuelo y Majadahonda, ya estaba asentada allí, y no les hacía mucha gracia tener una autovía, con toda su afluencia, dividiéndola en dos. Para los que no lo sepan, el Eje Pinar esta entre medias de la urbanización, de manera que tanto a izquierda como a derecha de ésta hay casas pertenecientes a esta.

En la imagen vemos cómo la M-503 corta en dos a Monteclaro. La foto es mucho más moderna que todo este lío.

Lo que puso haber sido una pequeña pataleta fue a más. La guerra había comenzado. Ya en 1990 los vecinos se negaron en rotundo a la construcción, con las alegaciones anteriormente mencionadas. El litigio duraría varios años más. Los vecinos intentaron paralizar las obras de todas las maneras posibles. Desde poner guardias contratados de seguridad, armados con pistolas, para echar a los operarios de Sacyr que iban a ejecutar la obra, hasta llevar el caso, contra el gobierno regional, ante nada menos que el Tribunal Europeo. En 1992, una juez de Majadahonda ordenó la temporal paralización de las obras. Los vecinos de Monteclaro habían propuesto la construcción de un túnel, bajo el cuál pasaría la autovía, por un coste de 1.200 millones de pesetas. Monteclaro propuso la recalificación de los terrenos para hacer frente a parte del coste del túnel, que pagaría de forma parcial.

Monteclaro no solo no evitó la construcción de la autovía, sino que su obra la dejó unos días sin agua (pero por un accidente). Fuente: ABC.

Pero nanay de la china. Aunque la construcción llevó 2 años de retraso (se empezó a hacer en 1991, y con todo el pleito no se acabó hasta el 94), todas las denuncias de Monteclaro fueron archivadas, y los juicios suspendidos. Es más, el Gobierno de la Comunidad quiso poner una multa de 90 millones de pesetas a Monteclaro por todos los retrasos que provocó.

En 1994, aún con el malestar de los vecinos, se inauguró, sin túnel, y con el trazado inicial, el Eje Pinar. Lo único que se hizo fue construir un puente que uniera las dos mitades de la urbanización. Veintitrés años después, los vecinos, creo yo, no tienen ninguna razón para quejarse de una obra que les ha facilitado, al igual que a todos los habitantes de alrededor, la movilidad a otros lugares. Así que bien está lo que bien acaba.

«CHAVALES OSCUROS DE LOS 90», EL VIERNES 25. SOLO EN PQM.

¡QUE ARREGLEN LA ESTACIÓN YA!

Era ya hora de que hablara de esto. Un tema que viene preocupando en demasía al “majariego de a pie” desde hace ya mucho tiempo es el del estado de la estación de tren de Majadahonda. Hace unos días me pasé por allí expresamente para tomar unas fotos de lo peor que se puede encontrar allí, y, lo cierto, es que no me costó demasiado encontrarlo. Todos los grupos municipales del Ayuntamiento han reclamado a Renfe que arreglen la estación. Es más, a finales de abril el alcalde, Narciso de Foxá, se reunió con unos directivos de Cercanías Renfe para ponerles al tanto de la paupérrima situación de la estación en Majadahonda. A mí me parece lamentable que hayamos tenido que ser los majariegos los que denunciemos el estado de nuestra estación férrea, sin de que Renfe cayera en la cuenta de cómo estaba ésta realmente. Se supone que Majadahonda no está en, y con perdón de la zafia expresión, en el culo del mundo. Estamos hablando de la única estación de tren de uno de las principales localidades de la provincia, además, y esto es importante, de las más cercanas a Madrid.

En realidad no hace tanto que la tenemos. Antes de finales de los ochenta, Majadahonda tan solo tenía un apeadero (que estaba todavía 700 metros más lejos del centro del pueblo) que compartía con El Plantío, una urbanización que, como sabéis, pertenece a Madrid, y que se desarrolló bestialmente durante los años sesenta. El edificio, como dato curioso, que acompañaba al apeadero, fue hace años rehabilitado y, actualmente, posee el restaurante Jiménez, un buen sitio, que yo personalmente recomiendo. El restaurante se encuentra exactamente en el límite entre los términos municipales de Majadahonda y Madrid.

Como hemos dicho, el viejo apeadero se abandonó y se construyó una nueva estación un poquito más cerca del centro del pueblo, aunque aún muy lejos. Ese es un lastre que siempre ha tenido y tendrá la estación. Fíjate si hace tiempo ya que se inauguró, que cuando se construyó aún gobernaban los socialistas en Majadahonda. En 1989, cuando se abrió, era la nueva estación. Pero ya no lo es. Han pasado 28 años, y las cosas envejecen y se quedan obsoletas, especialmente si no se cuidan ni se reparan, como le ha sucedido a la moribunda estación de Majadahonda. Hemos tenido que esperar demasiado para que Renfe diga que va a arreglar la estación; sabe Dios si finalmente cumplirá su palabra.

Si entras andando a la estación, la única sensación que esta te puede dar es la de decrepitud y decaimiento, quizá solo te sorprendan los desconchones en la pared o la eterna avería de la escalera mecánica. Algo, por cierto, que incumple los estándares de accesibilidad para personas con movilidad reducida.

Sin embargo, si lo que haces es dejar el coche en el aparcamiento (de pago)… ¡ay, amigo! Ahí te has caído con todo el equipo. Tres plantas de parking, de las cuales una, por una misteriosa razón, esta cerrada al público. Tres plantas de parking sucias, malolientes (olor a pis, básicamente), con el asfalto viejo y lleno de abolladuras. Pasar por ahí con el coche es toda una aventura; eso da más botes que una cama elástica. El parking, como habrás adivinado, no es responsabilidad del Ayuntamiento, sino de Renfe. Creo que por hoy he suministrado una generosa dosis de crítica a la compañía ferroviaria. Ahora solo queda esperar. A ver si, en los próximos meses, muestran aunque sea un atisbo de empatía con todos los majariegos que montamos en tren. O, en general, con todos los majariegos.

Aquí debajo te dejo todas las fotos que hice cuando estuve en la estación. Un operario de Renfe, por cierto, me echó del parking cuando estaba tomando algunas de ellas. Míralas, porque una imagen vale más que mil palabras.

Imágenes: POR QUÉ MAJADAHONDA

En la estación hay varios locales para poner tiendas y cafeterías. Todas han cerrado, y están abandonadas, excepto un pequeño “quiosco” que vende bollos, helados, refrescos, patatas…

Este expositor de gafas, quizá, nunca volverá a portar gafas.

El magnífico estado de la pared, en la escalera de acceso al andén 1 (sentido Atocha)

Estamos en la primera planta del parking. La cosa empieza a estropearse.

Vamos a subir a la segunda. Puf. Vaya, un pequeño bache.

A la tercera planta no podemos subir. Aunque quitasen las vallas, quizá tampoco podríamos.

«MONTECLARO CONTRA EL MUNDO», EL VIERNES 18. SOLO EN PQM.

ADIÓS AL VELA MAYOR

Hola, amigas y amigos. Sé que he estado muchísimo tiempo, demasiado, sin escribir en esta web, por lo que me disculpo. Tengo, sin embargo, mis razones, entre las que se encuentra mi falta de tiempo y, una vez más, de inspiración. Pero, aun así, vosotros no habéis dejado de visitar mi web, aunque no pusiera nada nuevo. Os lo agradezco, de verdad. En 2017 volveremos, con casi toda seguridad, a batir un nuevo récord de visitas en POR QUÉ MAJADAHONDA, como en años anteriores. Venga, vamos al grano.

Cuando me enteré de la noticia, me quedé de piedra. Quizá no lo sepas (o sí), pero el pasado domingo 30 de julio cerró el Vela Mayor, uno de los mejores restaurantes, en cuanto a su calidad, y más emblemáticos, en cuanto a su conocimiento por parte de los majariegos, de todo el pueblo. Según ha podido saber POR QUÉ MAJADAHONDA, el restaurante que, para quien no lo sepa, se encuentra a las afueras de Majadahonda, en la carretera de Pozuelo, cerca del Mapfre, llevaba varios meses atravesando una mala racha, en lo que se refiere a su afluencia de público. Finalmente, y, he aquí la noticia, el hasta ahora dueño del restaurante, y de su local, desde su apertura, ha alquilado (con opción de compra) el establecimiento, considerado uno de los mejores de la localidad, a El Urogallo, que posee en la actualidad tres restaurantes (el de Vela Mayor será el cuarto), en Pozuelo, Casa de Campo y Príncipe Pío.

El Vela Mayor, ya cerrado, con todas las sillas, mesas y sombrillas de la terraza apelotonadas. Una imagen bastante triste.

El local que pasará a manos de El Urogallo sufrirá una remodelación que se prolongará todo el otoño, y su inauguración estelar será, previsiblemente, antes de Navidades. Se cambiará por completo la actual decoración del local, de estilo andalusí (o sea, antiguo), por una mucho más contemporánea. Además, se cambiarán de sitio muchos tabiques. Tengo mucha curiosidad de ver cómo será el resultado, y de paso me tomaré alguna racioncilla allí. Por cierto, El Urogallo se caracteriza principalmente por las, digamos, generosas raciones que ponen, al contrario de muchos otros restaurantes, por lo que me viene como anillo al dedo, porque yo, lo admito, soy de buen comer.

Pero viajemos al pasado. Era el 14 de mayo de 2000 cuando un nuevo restaurante, medio freiduría andaluza, medio bar castizo, abría sus puertas, en una parte de Majadahonda en la que éste estaba rodeado de urbanizaciones recién inauguradas y de otras en proceso de construcción. En un lugar en el que, en el estado en el que se encontraba la zona por aquel entonces, ningún restaurante hubiera aguantado más de unas semanas, el Vela Mayor siguió adelante, en parte gracias a la masa de población que, en los años siguientes, se fue mudando a esas nuevas, amplias y exclusivas casas que lo circundaban.

La muerte del Vela Mayor me ha cogido tan de improviso (no sabía que iba a cerrar tan pronto, joe), que no tengo ninguna foto del restaurante de cuando estaba abierto. Fuente: El Tenedor.

No mucho después, en 2002, se construyó el que hoy es quizá uno de los sitios de Majadahonda con más ambiente nocturno: La Bolsa, un centro comercial que empezó teniendo nada más que un par de restaurantes y que, ahora, está repleto de pubs, discotecas y bares lounge. Sitios con estilo, como no podía ser de otra manera en Majadahonda. Precisamente esta proliferación de negocios hosteleros fue la que, lejos de beneficiar al Vela Mayor (como había sucedido tras la inaguración de La Bolsa, que lo desaisló del resto de Majadahonda) le fue perjudicando, convirtiendo a este pintoresco restaurante en un lugar en paulatino aislamiento y decadencia.

Es un cliché muy rancio eso de decir “Crónica de una muerte anunciada”, pero probablemente esa es la idónea definición de lo que ha sido el Vela Mayor en los últimos tiempos. Desde hacía meses, se veía cómo ese lugar que otrora fue una arriesgada novedad en Majadahonda, se convertía en un bar semivacío, que subsistía gracias a los más antiguos y cercanos clientes. Así ha acabado el 30 de julio de 2017, tras diecisiete años, uno de los restaurantes que han estado más presentes durante mi majariega infancia. Mejor que el recuerdo que se tenga de él sea el de sus años gloriosos, no el de los venideros.

«¡QUE ARREGLEN LA ESTACIÓN YA!», EL VIERNES 11. SOLO EN PQM.

SABER COMER EN MAJADAHONDA

De Majadahonda siempre me ha encantado una cosa: vayas a donde vayas se come de maravilla. Durante este 2017, en POR QUÉ MAJADAHONDA vamos a hacer reportajes de algunos de los principales bares y restaurantes de la ciudad, para que sepas cómo son y qué tal se come en ellos, al igual que hicimos hace un par de semanas con el Bar Muñoz.

Como iba diciendo, no es difícil encontrar un sitio donde comer bien. En Majadahonda puedes encontrar restaurantes tradicionales (de España), orientales, mexicanos, argentinos, latinos, americanos (por supuestísimo)… Seguramente tengas fortuna cuando entres en alguno, cualquiera que sea, y comas bien, aunque también puedes tener mala suerte y entrar en otro que no esté a la altura de tus expectativas.

El desarrollo de la hostelería en Majadahonda, que es muy grande, estuvo acompañado, o mejor dicho, acompañó al desarrollo demográfico de Majadahonda: a más gente, más restaurantes. Si a esto le sumamos que el majariego medio tiene, en muchos casos, bastante poder adquisitivo, esto abre la puerta a que aparezcan bares y restaurantes con más nivel.

Al igual que sucede en muchas otras ciudades, Majadahonda tiene unos puntos concretos donde se concentra el taperío y el ambiente nocturno. Si en el caso de Madrid, la capital, podríamos hablar de Malasaña, Chueca o Legazpi, Majadahonda tiene a la Gran Vía (claro) y todos los centros comerciales, en menor medida. Un síntoma que se ha visto durante todos los años es que ha habido una tendencia de poner bares de tapas y de copas, hasta con salas de espectáculo y fiesta, en absolutamente todos los centros comerciales (ya sean galerías o agrupaciones de tiendas), con la única excepción de Tutti y Novotiendas, que desgraciadamente están en decadencia. En el resto (Centro Oeste, Gran Plaza 2, Equinoccio, Monte del Pilar, La Bolsa…), han aparecido este tipo de locales, de variedades dispares. Puedes encontrarte tanto un bar de pinchos como un lounge (con música en directo).

img_20170126_175939

La Gran Vía está repleta de bares de un extremo a otro.

A cualquier centro, no obstante, le gana la Gran Vía de Majadahonda. Cuando la peatonalizaron, hace casi veinte años, hubo críticas de que esta obra la iba a convertir en una calle fantasma, desierta, sin gente. No se podía estar más errado. Hoy, las sucursales de bancos y cajas de ahorros que predominaban en los noventa han sido sustituidos en gran parte por bares y restaurantes, petados de gente los viernes y sábados por la noche. Lo mejor de todo es que está dominado por toda clase de personas, mayores (que salen a tomarse unos vinitos con la parienta o los amigos) y chavales (que salen a tomarse unas cañas con la churri o los amigos).

Que, por cierto, hablando de los chavales. Un sitio que ya es un icono de la juventud majariega, aunque, paradójicamente, no lleva abierto más de tres meses, es la tetería Cleopatra, en la calle Madrid, una de las calles que salen a la Gran Vía. En muy poco tiempo este sitio se ha hecho muy popular en los fines de semana de los adolescentes y universitarios de la ciudad. Durante el día es eso, una tetería, pero por la noche se convierte en una auténtica coctelería, aunque lo que más triunfa son las cachimbas (y lo que lo ha hecho tan popular entre la chavalada), acompañadas de la danza del vientre, a partir de medianoche. Muy árabe todo.

img_20170126_175646

La tetería Cleopatra, mítica, aunque lleve muy poco abierta.

Pero sigamos hablando de esos sitios. Bares, qué lugares, como rezaba la canción de Gabinete Caligari. El Ayuntamiento lleva ya unos añitos, desde 2008, organizando un Concurso de Tapas que, la verdad, ha tenido bastante buena acogida: en 2016 participaron nada menos que 57 bares y restaurantes de toda Majadahonda. En esa edición, que fue la novena, ganó el Restaurante Salterius. Su tapa, una croqueta de erizos, con un canapé de tataki de atún acompañado de espuma de lima y silicornia, y gelatina de Gin Tonic, que tuve la oportunidad de probar, estaba realmente deliciosa, además de ser muy original, algo que se valora mucho.

Por lo general, hay sitios más impersonales (como las grandes franquicias), otros que siempre que se va están hasta arriba de gente y otros que nunca te has molestado en entrar porque no te llaman la atención; pero también hay sitios de los de toda la vida, aunque no la lleven. Mismamente, hace unas semanas fui a tomarme una tapa con un amigo al Bar Lalolés (en la calle Santa Ana, donde antes estaba La Antigua) y al llegar la factura, me di cuenta de que me faltaban unos céntimos. Estoy convencido que en otro sitio me hubieran mandado al peo, pero allí no lo hicieron. El dueño, muy simpático, nos perdonó esos céntimos, además de buen grado. Días más tarde, volví al sitio con otra amiga para devolver lo que le debía, aunque no era mucho. No solo no los aceptó, sino que nos preguntó que qué queríamos tomar y nos invitó a la consumición. Gente así hace falta, de verdad. Te recomiendo ese sitio: tenía unas tapas, y sobretodo unas tostas, su especialidad, con muy buena pinta.

Como ves, amigo lector, hay mil sitios para elegir. Solamente te digo una cosa: habrá otras cosas en las que no, pero en elegir restaurantes lo mejor es fiarse las apariencias. Un sitio con buena pinta tiene que servir buena comida. Además, en muchos sitios puedes comer bien sin que te cueste un ojo de la cara, y también a mediodía hay muchos menúes a buen precio. Solo hay que saber escoger. Desde luego, variedad no falta.