LA VUELTA… EN MAJADAHONDA

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El domingo fue uno de los días que merece la pena vivir. El día de la bicicleta, de la manera más literal posible. Antes de empezar a enrollarme en nada, quiero contarte que estoy muy contento porque ya, por fin, nos hemos mudado a la dirección “porquemajadahonda.com”, en nuestra voluntad de crecer cada día más y acercarnos a ser un medio de comunicación relevante en Majadahonda. Recuerda: POR QUÉ MAJADAHONDA ahora está en porquemajadahonda.com.

Decía lo del “día de la bicicleta” porque, por la mañana, fue la XVII edición de la Fiesta de la Bicicleta de Majadahonda, que en 2015 congregó a más de 4.500 personas. Un logro. Y, por si esto fuera poco, por la tarde, pasó por las calles de Majadahonda el pelotón de la Vuelta ciclista a España (que, por cierto, ganó Nairo Quintana) en su última etapa.

De verdad que tengo mucho que contarte, así que voy a dividir en dos este artículo de hoy: en una parte hablaré de la Fiesta de la Bici, y en la otra del paso de la Vuelta.


Especial Fiestas Cristo de los Remedios 2016: Fiesta de la Bicicleta

Me había levantado pronto porque no quería, de ninguna manera, llegar tarde a la Fiesta de la Bicicleta. Después de prepararlo todo, y de ajustar el manillar de la bicicleta (que se me había roto) salí de casa. Durante el camino hasta la plaza Colón, donde iba a empezar el recorrido, me encontré con un montón de gente montando en bici (naturalmente, iban también a la fiesta), más de la que había visto nunca en mi vida. Cuando llegué vi a una inmensísima masa de gente ocupando toda la calle de Santa Bárbara. La gran mayoría de ellos, con las camisetas azules que regalaban con la inscripción en la Fiesta, que además te daba el derecho de participar en el sorteo de dos bicis. En el parque Colón ya habían montado el escenario donde iban a hacer este sorteo.

Tras esperar un buen rato (había llegado con tiempo, la verdad), la vuelta empezó. Eran las once y media de la mañana. Salimos desde Santa Bárbara, igual que el año pasado, pero el recorrido era completamente distinto. Los primeros metros fueron muy lentos, como si de un atasco de coches de tratara. Miles de personas agolpándose para intentar avanzar. Casi inconscientemente, fui adelantando a la mayoría de la gente a lo largo de toda la vuelta, colocándome en la delantera.

Giramos desde la avenida de España, a la calle Francisco Umbral, bordeando el parque Colón; y avanzamos hasta la Plaza de la Lealtad, donde seguimos recto por una cuesta hacia abajo, de esas que son muy placenteras pero que no disfrutas del todo porque sabes que vas a tener que subirla. Y era así, en efecto. En la calle San Vicente, justo antes de llegar al cruce con la carretera del Pardillo, me encontré con una cuesta bastante dura, pero esta vez hacia arriba. Si hubiera ido solo, hubiera podido subirla con facilidad, pero lo cierto es que la gente que tenía delante se iba frenando, haciendo que yo también me frene. Incluso muchos se bajaron de la bici para subirla a pie. Esta fue la única cuesta más o menos dura que hubo en todo el recorrido.

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El “pelotón” de gente, desde la primera posición, en la Avenida de Juan Carlos I. Imagen: Ayto. de Majadahonda.

Nos metimos por algunas calles que no recuerdo muy bien, pasando al lado de la urbanización Las Huertas (de la que un día hablaré en POR QUÉ MAJADAHONDA), y llegamos a la avenida de Guadarrama. Miré la cuesta que me deparaba. La conocía muy bien. Así la describía el año pasado, en el especial de la Fiesta de la Bici que también hice entonces:

Allí había una cuesta de infarto, de esas cuestas que no tienen mucha pendiente, pero que duran cientos de metros. Yo no me piqué en ningún momento y fui avanzando por la avenida, dejando atrás a mucha gente que se había rendido.

De cualquier modo, no se si por las ruedas de la bici, que estaban superhinchadas (de hecho, no sabía que unas ruedas de bici se pudieran hinchar tanto), o porque este año, modestia aparte, estoy en mejor forma que el año pasado, pero esta vez la cuesta me fue mucho más ligera. Arriba de la cuesta, hicimos la primera parada, en la que nos dieron botellas de agua, agua calenturra, pero agua.

Tres minutos después, el camino continuó: bajamos por la avenida de España, pasando por el Labrandero, hasta llegar a la rotonda de El Cortijo (si eres majariego, sabrás dónde digo). Torcimos allí a la Carretera del Plantío, que la recorrimos completamente, aunque no con la rapidez que me hubiera gustado. Hubo momentos en los que creía que me iba a caer porque me estaba acercando demasiado a la mediana de la carretera, por la cantidad de gente que había. Una vez abajo, en la rotonda de la estación, subimos por las Norias (cuesta arriba, por cierto), y pasamos por el centro comercial del Monte del Pilar. Yo me temía lo peor: sabía que allí estaban las cuestas que más me costaron el año anterior. Pero esta vez, las subí con mucha facilidad. De la avenida del Príncipe de Asturias giramos a la del Rey Juan Carlos I, que ya en sí es una cuesta. Arriba del todo, junto al Pizza Jardín, hicimos una segunda parada, aunque no nos dieron agua. La única queja que tenía es que los niños pequeños (que no deberían estar allí, creo yo) se cruzaban delante mía. Tan es así, que una vez uno lo hizo y tuve que frenar para no chocarme, pero el que se chocó conmigo fue mi amigo, que iba justo detrás.

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Los participantes (la mayoría, azules) en la Avenida de España. Imagen: Ayto. de Majadahonda.

Yo creía que el recorrido iba a seguir por la carretera de Pozuelo, a la izquierda de donde estábamos, pero no fue así. Giramos a la derecha y bajamos la gran cuesta que hay en la avenida de España, como sprint final. Avanzamos y subimos toda la calle de Santa Bárbara. Se acabó la vuelta.

Como esta vez no iba solo, no tuve tanto interés como el año pasado en colocarme de los primeros en el recorrido, detrás tan solo de la Policía y del Club Ciclista de Majadahonda, pero aún así, como he dicho antes, fui de los primeros (de los 100 primeros, digo). Aún así, ¡qué tontería! Eso no era una carrera, sino un paseo para disfrutar solo o en compañía.

Fui al parque Colón, donde iban a sortear las dos bicis entre los participantes que se inscribieron (o sea, los de la camiseta azul). Confieso que yo había perdido mi ticket, que necesitaba mostrar en caso en que fuera ganador. Aun así, quería enterarme de quién era el ganador de las bicis. Pero, con todo el respeto del mundo, el hombre que habían contratado para el sorteo era tan pesado (estuvo tres cuartos de hora haciendo tonterías), y mareaba tanto la perdiz que, pasados esos 45 minutos, decidí marcharme. Bueno, yo y mi amigo, que me acompañó durante la vuelta. Por cierto, que este año el recorrido era más corto que el año pasado: 10,2 km, frente a los 11 km de 2015.

Lo único que sé es que las bicis que se sortearon no fueron para mí. De cualquier modo, el año que viene repetiré, porque es algo que vale la pena. Y tengo que decir, además, que está muy bien organizado.

Así es cómo viví yo el domingo la XVII edición de la Fiesta de la Bicicleta; espero que te haya gustado mi manera de expresarlo.


La Vuelta a España pasa por Majadahonda

Con la Fiesta de la Bicicleta de esa misma mañana aún en la retina, estaba esperando impacientemente el paso del pelotón de la Vuelta ciclista a España, que tuvo aquel día su vigésimo primera y última etapa. Tenía una ilusión tremenda por ver a los ciclistas más grandes del mundo, durante una de las competiciones más importantes del mundo de la bicicleta, en mi pueblo. Mi Majadahonda del alma, la misma que pocas veces sale en los medios de comunicación, si no es para hablar de fútbol o de corrupción.

Aún desde el balcón de casa, había visto la caravana de los patrocinadores tirando gorras (los de Carrefour), bolis (los de Bic) y demás cosas de publicidad a los que se encontraban allí, en la calle, esperando a que pasara algo. Esto fue sobre las cinco y cuarto de la tarde.

Rápidamente, después de poner a grabar en Teledeporte la etapa para ver qué tal se veía Majadahonda en la tele, me bajé con un amigo a esperar al pelotón. Siempre se ha dicho que la última etapa de la Vuelta es más simbólica, que no tiene una importancia decisiva en la clasificación final, y que el ganador ya se conoce con bastante seguridad en la penúltima etapa. Es cierto, por eso quizá hubiera tenido más emoción si hubiera sido otra etapa, y no la última, la que pase por Majadahonda.

Allí, esperando, en todo el sol, me hizo mucha gracia el enfado de los conductores (pobrecillos, realmente) que querían pasar de una mitad a otra de Majadahonda, y que no podían porque estaba la carretera cortada, aunque en ese momento aún solo pasaban motos de la Guardia Civil. Si lo piensas, para ir de un lado a otro tienes dos opciones. O irte al quinto pino, donde ya no estaba cortada la carretera, en Pozuelo o Torrelodones, o bajarte e ir tú mismo andando. Como ejemplo, un chaval de unos 16 años, que probablemente quería ir al Equinoccio, porque habría quedado con alguien, se tuvo que bajar de la moto (motillo, de las de poca potencia), y cruzar la carretera andando. Era una imagen bastante surrealista. Esa carretera cortada se había convertido en una especie de Muro de Berlín. Mientras, mi amigo y yo descojonándonos.

Qué emoción. En tan solo pocos minutos iba a pasar por Majadahonda la Vuelta ciclista a España. Era un acontecimiento sin precedentes, sin duda.

Seguí esperando. Junto a los policías que controlaban la “frontera”, que era lo que parecía eso, discutían con decenas (sí, decenas) de conductores que veían absurdo eso de cortar una ciudad en dos por un pelotón de ciclistas que, al fin y al cabo, no iban a pasar hasta dentro de unos cuantos minutos. Ajo y agua. Aunque a algunos les costó más asumirlo, finalmente todos se dieron la vuelta (nunca mejor dicho).

Una moto de la Guardia Civil, otra, una más, un todoterreno también de la Guardia Civil, un coche de los patrocinadores… eso era todo lo que se veía por el momento.

Tras el enésimo coche escoba que paso, casi sin que me diera tiempo a reaccionar, pasó el pelotón ciclista. Yo ya venía dudando si vivirlo con mis propios ojos o grabarlo para la posteridad. Desde luego, las dos cosas no podían ser. Aún así, lo intenté: vi pasar a los primeros ciclistas, esperando ver alguna cara conocida, y a los últimos les saqué una foto. Ahora que lo pienso, no debía hacer esa foto. Debía haberlo visto todo, haberlo vivido, sin necesidad de inmortalizarlo con el móvil. Aún así fue algo maravilloso ver a los grandes cracks de las dos ruedas pasando por tu pueblo.

Lo único que pude ver es que los primeros ciclistas eran del equipo Movistar. Pero no vi ni a Quintana, ni a Froome, ni a Contador, ni a Valverde, ni a nadie.

Había sido todo demasiado rápido, no tuve tiempo ni a reaccionar ni a distinguir nada. Solo vi una ráfaga de bicicletas que tardó diez segundos. “Nada que ver con cómo se ve en la tele”, pensé yo. Una hora de motos, coches y camiones de los sponsors, de decenas de policías, de guardias civiles, y hasta dos helicopterios, para esa ráfaga de ciclistas de segundos. Aún así, fue algo histórico.

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La Vuelta a España, en la Avenida de España. Imagen: Ayto. de Majadahonda.

«ESPECIAL FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2016: Pregón y chupinazo», ESTE MIÉRCOLES. SOLO EN PQM.

 

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Un comentario en “LA VUELTA… EN MAJADAHONDA

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