SABER COMER EN MAJADAHONDA

De Majadahonda siempre me ha encantado una cosa: vayas a donde vayas se come de maravilla. Durante este 2017, en POR QUÉ MAJADAHONDA vamos a hacer reportajes de algunos de los principales bares y restaurantes de la ciudad, para que sepas cómo son y qué tal se come en ellos, al igual que hicimos hace un par de semanas con el Bar Muñoz.

Como iba diciendo, no es difícil encontrar un sitio donde comer bien. En Majadahonda puedes encontrar restaurantes tradicionales (de España), orientales, mexicanos, argentinos, latinos, americanos (por supuestísimo)… Seguramente tengas fortuna cuando entres en alguno, cualquiera que sea, y comas bien, aunque también puedes tener mala suerte y entrar en otro que no esté a la altura de tus expectativas.

El desarrollo de la hostelería en Majadahonda, que es muy grande, estuvo acompañado, o mejor dicho, acompañó al desarrollo demográfico de Majadahonda: a más gente, más restaurantes. Si a esto le sumamos que el majariego medio tiene, en muchos casos, bastante poder adquisitivo, esto abre la puerta a que aparezcan bares y restaurantes con más nivel.

Al igual que sucede en muchas otras ciudades, Majadahonda tiene unos puntos concretos donde se concentra el taperío y el ambiente nocturno. Si en el caso de Madrid, la capital, podríamos hablar de Malasaña, Chueca o Legazpi, Majadahonda tiene a la Gran Vía (claro) y todos los centros comerciales, en menor medida. Un síntoma que se ha visto durante todos los años es que ha habido una tendencia de poner bares de tapas y de copas, hasta con salas de espectáculo y fiesta, en absolutamente todos los centros comerciales (ya sean galerías o agrupaciones de tiendas), con la única excepción de Tutti y Novotiendas, que desgraciadamente están en decadencia. En el resto (Centro Oeste, Gran Plaza 2, Equinoccio, Monte del Pilar, La Bolsa…), han aparecido este tipo de locales, de variedades dispares. Puedes encontrarte tanto un bar de pinchos como un lounge (con música en directo).

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La Gran Vía está repleta de bares de un extremo a otro.

A cualquier centro, no obstante, le gana la Gran Vía de Majadahonda. Cuando la peatonalizaron, hace casi veinte años, hubo críticas de que esta obra la iba a convertir en una calle fantasma, desierta, sin gente. No se podía estar más errado. Hoy, las sucursales de bancos y cajas de ahorros que predominaban en los noventa han sido sustituidos en gran parte por bares y restaurantes, petados de gente los viernes y sábados por la noche. Lo mejor de todo es que está dominado por toda clase de personas, mayores (que salen a tomarse unos vinitos con la parienta o los amigos) y chavales (que salen a tomarse unas cañas con la churri o los amigos).

Que, por cierto, hablando de los chavales. Un sitio que ya es un icono de la juventud majariega, aunque, paradójicamente, no lleva abierto más de tres meses, es la tetería Cleopatra, en la calle Madrid, una de las calles que salen a la Gran Vía. En muy poco tiempo este sitio se ha hecho muy popular en los fines de semana de los adolescentes y universitarios de la ciudad. Durante el día es eso, una tetería, pero por la noche se convierte en una auténtica coctelería, aunque lo que más triunfa son las cachimbas (y lo que lo ha hecho tan popular entre la chavalada), acompañadas de la danza del vientre, a partir de medianoche. Muy árabe todo.

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La tetería Cleopatra, mítica, aunque lleve muy poco abierta.

Pero sigamos hablando de esos sitios. Bares, qué lugares, como rezaba la canción de Gabinete Caligari. El Ayuntamiento lleva ya unos añitos, desde 2008, organizando un Concurso de Tapas que, la verdad, ha tenido bastante buena acogida: en 2016 participaron nada menos que 57 bares y restaurantes de toda Majadahonda. En esa edición, que fue la novena, ganó el Restaurante Salterius. Su tapa, una croqueta de erizos, con un canapé de tataki de atún acompañado de espuma de lima y silicornia, y gelatina de Gin Tonic, que tuve la oportunidad de probar, estaba realmente deliciosa, además de ser muy original, algo que se valora mucho.

Por lo general, hay sitios más impersonales (como las grandes franquicias), otros que siempre que se va están hasta arriba de gente y otros que nunca te has molestado en entrar porque no te llaman la atención; pero también hay sitios de los de toda la vida, aunque no la lleven. Mismamente, hace unas semanas fui a tomarme una tapa con un amigo al Bar Lalolés (en la calle Santa Ana, donde antes estaba La Antigua) y al llegar la factura, me di cuenta de que me faltaban unos céntimos. Estoy convencido que en otro sitio me hubieran mandado al peo, pero allí no lo hicieron. El dueño, muy simpático, nos perdonó esos céntimos, además de buen grado. Días más tarde, volví al sitio con otra amiga para devolver lo que le debía, aunque no era mucho. No solo no los aceptó, sino que nos preguntó que qué queríamos tomar y nos invitó a la consumición. Gente así hace falta, de verdad. Te recomiendo ese sitio: tenía unas tapas, y sobretodo unas tostas, su especialidad, con muy buena pinta.

Como ves, amigo lector, hay mil sitios para elegir. Solamente te digo una cosa: habrá otras cosas en las que no, pero en elegir restaurantes lo mejor es fiarse las apariencias. Un sitio con buena pinta tiene que servir buena comida. Además, en muchos sitios puedes comer bien sin que te cueste un ojo de la cara, y también a mediodía hay muchos menúes a buen precio. Solo hay que saber escoger. Desde luego, variedad no falta.

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