MONTECLARO CONTRA EL MUNDO

Dicen que nunca llueve a gusto de todos y, efectivamente, es cierto. Cuando Majadahonda se desarrolló espectacularmente hace unos 25 años, surgió la necesidad de conectar a sus habitantes con el resto de Madrid, y especialmente de la ciudad, de una manera más cómoda, más acorde a este crecimiento.

Por esta razón, a principios de los noventa el Gobierno regional, presidido aún por Joaquín Leguina, proyectó una nueva autovía que uniera Madrid (justo en el recién reformado Puente de los Franceses, en el enlace con la Carretera de Castilla), Pozuelo, Majadahonda y Las Rozas. La doble calzada, allá por el Pinar de las Rozas, se incorporaría a la A-6, donde acabaría. En total, eran alrededor de 20 kilómetros de autovía, que estaban pensados para ser utilizados por decenas de miles de conductores al día (cómo así ha sido).

La nueva autovía recibió el nombre de “Eje Pinar”, por eso de que acaba en el Pinar de las Rozas, y fue la primera autovía que pasó cerca de Majadahonda; a parte de la Carretera de la Coruña, claro. De este modo, los majariegos no tendrían ningún problema para visitar a sus vecinos pozueleros y roceños, o rodear Madrid por la M-40, que había sido abierta algunos años antes.

El Eje Pinar a la altura de la urbanización Monteclaro.

Además, la construcción del Eje Pinar permitiría un mayor desarrollo (todavía mayor del que ya tenía Majadahonda) de las zonas próximas a éste. De hecho, tras su inauguración, comenzaron a aparecer multitud de naves comerciales en El Carralero, justo al lado de la autovía. Se construyeron dos centros comerciales: el Centro Oeste, inaugurado en octubre del 95, con un hipermercado Pryca dentro y un pequeño multicine, hoy desaparecido, y el archiconocido Equinoccio, abierto en diciembre de 1998, un “centro revolucionario en su sector”.

Desde el principio, se pensó que el tramo comprendido entre Majadahonda y el Pinar de las Rozas pertenecería en un futuro a la aún en proyecto M-50. Y así fue: diez años después se terminaba la M-50 y dicho tramo se añadía a su trazado. De cualquier modo, la obra fue un completo éxito, y muchísimos madrileños la utilizan en la actualidad. Según un estudio de 2011, algunos de los tramos de la M-503 son utilizados por más de 80.000 conductores cada día, siendo la tercera autovía autonómica más transitada, tan solo detrás de la Carretera de Colmenar y de la circunvalación M-45.

Pero vamos a lo que nos ocupa. Empecé el artículo diciendo que nunca llueve a gusto de todos, y lo dije porque la construcción de esta autovía no satisfizo, al menos en un primer momento, a todo el mundo. Hubo un colectivo que se opuso al trazado proyectado del Eje Pinar: los vecinos de Monteclaro. Hacía ya más de diez años que la urbanización, entre Pozuelo y Majadahonda, ya estaba asentada allí, y no les hacía mucha gracia tener una autovía, con toda su afluencia, dividiéndola en dos. Para los que no lo sepan, el Eje Pinar esta entre medias de la urbanización, de manera que tanto a izquierda como a derecha de ésta hay casas pertenecientes a esta.

En la imagen vemos cómo la M-503 corta en dos a Monteclaro. La foto es mucho más moderna que todo este lío.

Lo que puso haber sido una pequeña pataleta fue a más. La guerra había comenzado. Ya en 1990 los vecinos se negaron en rotundo a la construcción, con las alegaciones anteriormente mencionadas. El litigio duraría varios años más. Los vecinos intentaron paralizar las obras de todas las maneras posibles. Desde poner guardias contratados de seguridad, armados con pistolas, para echar a los operarios de Sacyr que iban a ejecutar la obra, hasta llevar el caso, contra el gobierno regional, ante nada menos que el Tribunal Europeo. En 1992, una juez de Majadahonda ordenó la temporal paralización de las obras. Los vecinos de Monteclaro habían propuesto la construcción de un túnel, bajo el cuál pasaría la autovía, por un coste de 1.200 millones de pesetas. Monteclaro propuso la recalificación de los terrenos para hacer frente a parte del coste del túnel, que pagaría de forma parcial.

Monteclaro no solo no evitó la construcción de la autovía, sino que su obra la dejó unos días sin agua (pero por un accidente). Fuente: ABC.

Pero nanay de la china. Aunque la construcción llevó 2 años de retraso (se empezó a hacer en 1991, y con todo el pleito no se acabó hasta el 94), todas las denuncias de Monteclaro fueron archivadas, y los juicios suspendidos. Es más, el Gobierno de la Comunidad quiso poner una multa de 90 millones de pesetas a Monteclaro por todos los retrasos que provocó.

En 1994, aún con el malestar de los vecinos, se inauguró, sin túnel, y con el trazado inicial, el Eje Pinar. Lo único que se hizo fue construir un puente que uniera las dos mitades de la urbanización. Veintitrés años después, los vecinos, creo yo, no tienen ninguna razón para quejarse de una obra que les ha facilitado, al igual que a todos los habitantes de alrededor, la movilidad a otros lugares. Así que bien está lo que bien acaba.

«CHAVALES OSCUROS DE LOS 90», EL VIERNES 25. SOLO EN PQM.

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