BIRRA KILÓMETRO CERO

Confieso que llevaba ya mucho tiempo queriendo hacer este artículo. Hace apenas un par de meses, por casualidad, vi en internet que había aparecido una nueva cerveza, con el nombre de “Majariega”. «Será seguro alguna coña de alguien que le ha puesto la etiqueta para decir que es de Majadahonda», pensé yo. Pero no, para nada. En junio de este 2017 nació esta pequeña marca de cerveza artesanal, al igual que muchas otras que han ido apareciendo, especialmente en los últimos años, en muchos otros sitios de Madrid. En este caso, la idea surgió de parte de dos hermanos, los Martínez, que, al ver el éxito que tenía la cerveza que producían de forma casera para amigos y familiares, decidieron montar una empresa de lo mismo. Esta era la primera con el nombre de Majadahonda, y la ubicación en Majadahonda. Me gustó que llevase a gala su nombre, explotando como recurso el pasado ganadero del pueblo (ya que en el logotipo aparecen dos ovejas, animales tradicionalmente relacionados con la Majadahonda anterior a los años sesenta). Me imaginé que era una empresa pequeñita, aunque estaban currándoselo todo mucho.

La fábrica es un local muy pequeño, cerca de la iglesia de Santa Catalina.

Un día, hace muy poco iba con la bici por el casco viejo de Majadahonda, cerca de la iglesia de Santa Catalina, cuando de repente topé con algo que me resultó familiar. Vi que en una pared había un cartel con el logotipo de la cerveza, que ya había conocido yo semanas antes. Resulta que allí (en la esquina entre la calle Santa Catalina y la calle Granadilla) estaba la fábrica de la cerveza Majariega. Era un pequeño local comercial, que tres meses antes (solo tres) había sido acondicionado para producir la cerveza. Una pequeña barra, donde poder tomarte una Majariega bien fría, y la fábrica propiamente dicha. Allí estaba uno de los dos socios de la flamante empresa que, además, es quien produce la cerveza. El otro socio, su hermano, lleva más el tema de marketing, merchandising y la gestión económica. Al que yo entrevisté debía de tener alrededor de veinticinco años, no más de eso. La juventud siempre es el mejor aliciente para crear cosas nuevas, así que eso explica el surgimiento de una idea tan poco corriente como la de producir birra en un lugar como Majadahonda. «Esto es un poco en plan Alemania, donde cada pueblecito tiene su marca de cerveza», contaba él.

La barra, en la fábrica, con su grifo personalizado de Majariega.

Pero la cerveza no se produce sola. El proceso era el siguiente. En unos primeros depósitos el mosto de la malta y el lúpulo se filtraba y, posteriormente, se cocía. Acto seguido, este mosto pasaba por un aparato que reducía sensiblemente su temperatura (de ochenta a quince grados), de manera que, finalmente, la futura cerveza pasaba, según la variedad de Majariega de la que estemos hablando, a uno de los dos depósitos donde el mosto se fermentaba. En alrededor de tres semanas (según se vea) la cerveza estaría preparada para ser embotellada.

Delante, los depósitos de filtración y cocción. Detrás, los de fermentación.

No te preocupes, es más sencillo de lo que parece. El problema está en que si tenemos en cuenta que los depósitos de fermentación tienen una capacidad de 500 litros (1.000 en total), la producción de cerveza está limitada a eso: mil litros cada veinte días. Y es que, pese al poco tiempo que se lleva produciendo la cerveza, su demanda se ha disparado. O sea, no dan abasto. La gente pide más de lo que se puede producir.

Antes he hablado de distintas variedades de cerveza Majariega. Hay tres: la Golden Ale, la Pale Ale y la roja (cuya etiqueta es morada). La Pale Ale lleva más lúpulo que la Golden y, por lo tanto, es más cara. Evidentemente, habiendo únicamente dos depósitos para fermentar cerveza, no se pueden producir las tres variedades a la vez, por lo que se van alternando.

Majariega, actualmente, se puede adquirir, a parte de en la propia “fábrica”, y la tienda de cervezas Julia Gómez (c/ Carmen Laforet, junto a la plaza Colón), en seis bares, todos ellos en Majadahonda. El objetivo, según nos relata el socio, es expandirse a muchos otros bares de la localidad y, quién sabe, venderse fuera del pueblo.

No obstante, el camino no ha sido llano. Para nada. Desde un primer momento, los hermanos fundadores de la empresa tuvieron dificultades para montar el local donde se produce la cerveza. El ayuntamiento se quejaba de que aquello podría producir ruidos y olores pero, según dice el hermano con el que me entrevisté, eso no es así. Como cualquier otra empresa, además, tuvo que hacer frente a la empalagosa e interminable burocracia que rodea a todos estos temas. Afortunadamente, hoy por hoy está todo en regla y Cervezas Majariega ya es una empresa de hecho.

Al ser fabricar cerveza artesana, y, claro, ser una empresa nueva y pequeña, el precio es algo mayor que el de sus competidores (empresas, obviamente, mucho más grandes). Aun así, tampoco estamos hablando de precios demasiado elevados: por 1,50€ te puedes tomar una caña, y por 13 te puedes llevar 6 botellas de un tercio.

El tema marketing, dentro de sus limitadísimas capacidades, está gestionado muy bien. Desde el principio, Majariega ha procurado estar presente en las principales redes sociales (excepto Twitter, de momento), labrarse una delicada y cuidada imagen corporativa, con un logotipo y una packaging muy currados. Tienen, también, tarjetas de visita, e incluso venden en la “fábrica” camisetas con el logo de la cerveza (de las que yo me compraré alguna) por 10 €. Me cuentan que, aunque no esté en venta, a la gente le ha despertado mucho interés una oveja de peluche (la oveja, claramente la mascota de la marca) con una camiseta con el logo, que hay allí en exposición. Es más, durante las fiestas patronales de Majadahonda, para las que quedan muy poco y de las que POR QUÉ MAJADAHONDA, como todos los años, informará, regalarán un pañuelo amarillo con el logo de la marca a todo aquel que compre o consuma algo. Allí todo lleva el logo. Creo que dar a conocer la marca es esencial en los inicios de una empresa, y ellos lo están haciendo muy inteligentemente.

Las camisetas, con el logo de la cerveza. A 10 euros cada una.

Tras ver cómo funciona la maquinaria y que me cuenten los pormenores de la empresa y su cerveza, me despedí de la “fábrica”, con el propósito de volver, aparte de para comprarme la camiseta corporativa, para llevarme algunos botellines.

Me gusta mucho que esta marca haya aparecido en Majadahonda, y estoy ilusionado con su futuro. Las próximas fiestas serán, ojalá, el mejor escaparate para esta nueva cerveza. Nueva y novedosa, que no es lo mismo.


ESPECIALES FIESTAS CRISTO DE LOS REMEDIOS 2017

«FIESTA DE LA BICICLETA», ESTE DOMINGO. 

«PREGÓN Y CHUPINAZO», ESTE JUEVES. 

«NOCHES DE FERIA», EL DOMINGO 17.

 

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